jueves, 18 de diciembre de 2008

Un Escrito De Hace Un Tiempo... (no es capitulo de Un Secreto)

Posteo este escrito porque es de hace un tiempo y hoy me sigue identificando... posteado en el fotolog con la foto del castillo vagabundo... el 4/06/08 ... saludos

Una noche tranquila en la que los sentimientos se cruzan, se mezclan y expresan todo esto que hace un tiempo me escribe… Una noche fría con sensaciones que no me dejan dormir… Tantas inquietudes, tantas experiencias que me ayudan a construir esto que hoy creo ser, este que hoy con el romanticismo que me habita intento describir, todo el tiempo… Este, que a partir de decisiones que a veces duelen pero siempre ayudan a crecer, intenta recorrer tranquilo pero siempre inquieto, estos caminos que tanto me gustan, y se dirigen hacia allí, un horizonte que todo el tiempo cambia e intenta cambiar, que me ayuda a construir una historia que no cesa de no inscribirse… Presente, como fruto de mis decisiones, y futuro incierto basado en ellas… Pasado como experiencia, como senderos recorridos en variadas direcciones, hacia tantos lugares, que me trajeron hasta acá… Vagabundo de la vida que no puede responder a la simple pregunta “De dónde sos?”… Este que con vueltas y en poco tiempo se describe en un camino con muchos lugares a los que pertenecer… Tantas veces me escuche decirlo que hasta a veces me lo creo… Nómada de pensamiento, cuerpo y espíritu que formaron y forman una vida que me enseñó a mirar los lugares, mis hábitat, los que me gustan y los que no, los que disfruto y me disfrutan y con los que simplemente nos ignoramos… Intentando aprender todo el tiempo para abrir nuevos caminos, hacia una infinidad de horizontes, a los que sólo por el deseo se puede intentar llegar… Siempre compartiendo, lo que tengo y lo que no, lo que me sobra o lo que me falta… Buscando en esas personas, que desean recorrer los caminos que recorro, el apoyo y la experiencia necesarios para caminarlos, correrlos o sobrevolarlos (siempre al ras del suelo)… Intentando no perderse de nada, y que a pesar de no poder, siempre feliz, siempre intentando ser mejor… Mejor persona, mejor amigo, mejor que antes… o simplemente diferente. LIBRE

domingo, 7 de diciembre de 2008

Un Secreto

Antes que nada me gustaría presentarles mi propuesta, estoy hace un tiempo pensando y escribiendo una historia... lo que pretendo hacer es ir subiendo de a capitulos esto que es ahora mi proyecto para el verano, y de a poco que vallan leyendo lo que tengo para contar... espero comentarios(haber si me motiva y sale algo bueno de verdad jaja)... aqui les presento el capitulo uno...

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Capitulo I - Los Cinco -

Todos en el pueblo les decían “Los Cinco”, estaban terminando la escuela y tan sólo quedaban un par de semanas de clases. Habían pasado tanto tiempo juntos que ya ni se peleaban, si había algún desacuerdo entre dos, lo hablaban los cinco y lo resolvían en un par de minutos. Pero… Quienes eran “Los Cinco”?... Álvaro, Miguel, Martín, Julián y Diego. Un grupo de nombres que nada dicen. Me voy a tomar el atrevimiento de presentarte a cada uno de ellos.

Álvaro, el más alto de los cinco, hincha fanático de Vélez, nadie sabe porqué. Le gustaba mucho el fútbol y atajaba en el club del pueblo. Tenía el pelo siempre corto y cada verano se lo teñía de algún color distinto (porque en la escuela no lo dejaban usar el pelo teñido, respondía cuando le preguntaban “¿Porqué ese color?”). Cuando estaba sólo escuchaba lentos clásicos de los 80’, pero cuando tenía visitas sonaba siempre rock nacional. En la escuela no le iba exageradamente bien, pero siempre sacaba en diciembre las dos o tres materias que según él, le hacían llevar.
Miguel, “Petardo” le decían, parece que por una historia que tenía que ver con un inodoro partido en una de sus travesuras de chico. Le gustaba mucho salir a cazar y ya a los trece años le habían regalado su primer aire comprimido, un cinco y medio. A los 16, la escopeta. Era el que más materias se llevaba del curso, no porque le costara (salvo Química), sino porque se olvidaba seguido de hacer los trabajos o estudiar para las pruebas. Medía más o menos un metro setenta y solía usar siempre gorras de caza o boinas (al estilo “Che Guevara”). Tenía el pelo rojizo y enrulado, ni muy largo ni muy corto, algunas pecas que había heredado de su madre y los ojos celestes muy claros. Nunca se había puesto seriamente de novio, pero tenía varias historias de unos cuantos meses.
Martín era el romántico del grupo, las novias no le duraban más de tres meses y el siempre decía estar enamoradísimo, “Esta vez no me equivoco, ella es la mujer de mi vida” decía la primera semana, cuando terminaba una relación siempre aparecía otra. Del pueblo no había estado con ninguna, pero en las ciudades cercanas ya se había echo su fama. Le gustaba mucho leer y en la escuela no había tenido nunca problemas, jamás una materia a diciembre. Cuando Miguel se olvidaba de algún trabajo le decía a la profesora que se habían juntado para hacerlo, no siempre funcionaba. Cuando se vestía buscaba siempre combinar todo, en el cumpleaños de la hermana se había puesto mal porque tenía la corbata bordó y no había encontrado en su casa medias de ese color (obviamente por esto todavía lo gastaban). No le gustaba mucho hacer deportes pero disfrutaba de ver un buen partido de fútbol. No simpatizaba por ningún equipo en particular, “el que mejor juegue”, decía, “yo soy hincha del fútbol”.
Julián era el “bonito” del grupo, tenía a todas atrás. Tenía el pelo oscuro y los ojos verdes. Hincha de River, pero no muy fanático del fútbol. “Soy de River porque me gusta gastar a los bosteros cuando les ganamos” había dicho una vez. Salía a trotar todas las mañanas, antes de ir al colegio y sabía tocar la armónica. Escuchaba Blues del clásico y se lo veía muchas veces con un termo y el mate caminando por los caminos rurales. En el colegio las materias las aprobaba más porque lo querían los profesores que por “mérito académico”, aunque siempre un par se llevaba. La serenidad que transmitía hacía pensar que siempre estaba bien y que no tenía problemas con nada, aunque se sabía de dos o tres peleas que había tenido cuando se metían con su madre, que había muerto cuando él tenía catorce años.
Diego, el más bajito de todos, físico bien marcado, fácil de hacer enojar, fácil de “desenojarse”. Hincha fanático de Boca y de la música fuerte, desde Bob Marley hasta Metallica, pero siempre los parlantes al máximo. A pesar de su altura era uno de los más atléticos del curso, y él más rápido, en las materias no destacaba, pero le sobraba para aprobar siempre todas las materias. Su carácter explosivo hacía que valla a las manos seguido, pero era un tierno a la hora de tratar a una mujer y nunca peleaba si la novia del otro estaba presente. Hacía un mes había cumplido su segundo año de novio y al verlo con Julia se notaba que se querían. Tocaba la batería y en general era en su “salita” donde se juntaban los viernes a la noche a hacer la previa del boliche. Le gustaba salir a caminar de noche y cada dos por tres contaba alguna historia nueva de fantasmas y apariciones.
Estos eran “Los Cinco”, y son los protagonistas de una historia que, según creo, vale la pena contar.


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