Hacía muchísimo tiempo que no llovía así, Martín y Julián estaban en la galería de su casa quinta, compartiendo unos mates y disfrutando de ese espectáculo que la naturaleza les ofrecía, los relámpagos de aquella noche eran impresionantes.
Los dos hermanos, de 13 y 15 años, no solían compartir momentos juntos, y casi nunca hablaban entre sí de sus temas personales. Pero Martín no aguantaba más, el estaba seguro de que eso que había visto en el galponcito de las herramientas era un duende, y sentía que el único que le iba a creer era su hermano… le TENÍA que creer.
Un rayo que cayó en el pararrayos de la iglesia lo hizo reaccionar, no tenía ni idea de cómo iba a sacar el tema. -Julián, vos crees en los duendes? - le preguntó finalmente, si no lo hacía así, de una, no iba a poder preguntarle y ya no quedaba más de medio termo
-En los duendes? que decís martín? te volviste loco? te juntas mucho con Pablo vos me parece - respondió riendo Julián
-No te burles, ayer cuando estaba en el galpón, era un duende, estoy seguro, no estoy loco, me tenés que creer - dijo Martín - si no me crees… vamos… debe estar ahí
- JAJAJAJA - Julián no pudo aguantar largar una carcajada, al principio, pero cuando vio la seriedad en la cara de su hermano se dijo "si voy y no hay nada, le digo que se lo imaginó, pero… y si llega a estar ahí?" - Al galpón? ahora? y no podemos ir mañana?
NO - respondió - él me dijo que al amanecer ya no iba a estar más ahí, tenemos que ir ahora.
-te habló?! - le dijo sorprendido Julián "esto es mas grave de lo que creía" pensó- está bien vamos vas a ver que es tu imaginación Martín - O al menos eso esperaba, un duende? no podía ser y en el galpón de su casa?!
Agarraron un paraguas y salieron de la galería, el galpón estaba a unos treinta metros de la casa, y el patio estaba muy oscuro. Julián estaba un poco asustado, y Martín caminaba con una seguridad que no era normal en él
"al fin alguien que me cree" pensaba Martín "espero que no se halla ido"
Cuándo entraron al galpón, Martín dijo algo que sonó como "Ohijiiiiooaa" y Julián lo miro de reojo, preocupado.
Inmediatamente después de que dijo eso, una tenue luz azul se dejó ver atrás el armario de las herramientas Julián dio dos pasos para atrás, estaba aterrado, pero martín le dijo –Tranquilo, es amistoso… Ohijiiiooaa soy yo, Martín.
De atrás del armario se asomó una oreja azul oscura, triangular, de unos quince centímetros, e inmediatamente después un "animalito" azul salió de un salto. Caminaba en dos patas y tenía un cuerpo muy parecido al de un nene de 3 años, pero la piel era azul, además, estaba desnudo.
-Hola- dijo el duende - me llamo Ohijiiiooaa y estoy perdido, no sé cómo llegar a mi casa.
-Do… dond… tenés casa? - preguntó Julián, que todavía estaba asustado.
-Claro que tengo casa… dónde pensabas que vivo? en un árbol? Atrás de tu armario? - el duende parecía ofendido
-Perdoname, no quise ofenderte es que estoy medio nervioso, nunca había visto un un… un – el chico no sabía que decir.
- Kalatahy -respondió de pronto Ohijiiiooaa -los Kalathay vivimos en este planeta desde hace miles de años, pero evitamos cruzarnos con los humanos, que todo lo arruinan-
-No todos los humanos son iguales - dijo Julián - pero decime, dónde esta tu casa? es lejos de acá?
-no sé donde estamos - respondió el Kalathay - no conozco este luagr, venía viajando en la corriente Klheoio y la tormenta me desvió… fui a parar acá…
-Perdón… no sé que es la corriente esa de la que hablas y… pero ¿cómo es que venías viajando en una corriente? una corriente de qué?
-la Klheoio es una corriente de energía, los kalathay aprendimos a viajar por la energía vital del universo hace miles de años, por eso parece que desaparecemos y por eso también los humanos no nos pueden ver, salvo que nosotros queramos
-y sabés como ubicar esa corriente? ahora estamos en colonia Vignaud, en la provincia de córdoba… es argentina
-Si… gracias, con el nombre del lugar me alcanzaba. La corriente pasa cerca de acá, pensé que me había desviado más. Cuando termine la tormenta voy a retomar mi viaje, sino no voy a llegar nunca a el cairo. Iba a visitar a mis primos que son de allá.
-Pero cuánto tardas en ir hasta el cairo?-preguntó martín, que había estado callado, mirando cómo su hermano se comunicaba con el Kalathay.
-masomenos 20 días Kalathay, eso son como 2 horas para los humanos.
Al momento siguiente el kalathay desapareció y Julián dijo - Vamos Martín, ves que me haces mojar al pedo, acá no hay nada-
-tenés razón - contestó Martín, seguro que fue mi imaginación-y los hermanos volvieron a la galería a terminar el termo de mates. Sin cruzar más palabra. Nunca más, hasta hoy, volvieron a tocar ese tema, pero los dos se llevan mucho mejor ahora y hablan de todo. Martín acaba de cumplir 18 años y me contó esta historia hace unos días cuando estábamos buscando una pinza en el galpón de su casa.
FIN

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